Paso decisivo
Cara de Madre, de Patricia de Blas
Cuando conocí el primer libro de Patricia de Blas supe que acababa de convertirme en incondicional de sus obras. La editorial Lunwerg acaba de publicar Cara de madre, su segunda novela. Me atrevo a decir, por mi experiencia como lector y como librero, que las segundas son siempre las más difíciles. Si se parece mucho a la primera, hay abierta una vía de ataque. Si es completamente diferente, el desconcierto también impera. La autora ha sabido desafiar cualquier recelo optando por una historia que nada tiene que ver con aquella, aunque permitiendo que se reconozcan algunos de sus elementos más poderosos. Tres mujeres con tres caminos por delante llenos de obstáculos y de incertidumbres. Tres mujeres a las que la maternidad o la no maternidad las une de manera irremediable por y para siempre. Sus perfiles, tan bien definidos como la ilustración que compone la portada del libro, les permiten ser reconocibles porque sus ansias y sus deseos están vivos. Patricia de Blas las ha retratado con todas las de la ley, sin ambages ni certezas, sino más bien con miedos, expectativas e ilusiones, como la vida misma nos exige a cada momento.
Está estructurada en capítulos cortos que se alternan. Y así, la mirada de cada protagonista se une a la de las otras dos, cuyas existencias dejan de ser idílicas para el lector. Parece inevitable que desde fuera se vea siempre otra realidad. El interior es mucho más complejo. Las carencias pueden golpear de mil modos, así que solo el que persevera, el que persiste, el que insiste y el que resiste ganan. Y en este caso son ellas, las tres, las que ganan. Porque sus decisiones las han revolucionado por dentro y han alumbrado la esperanza de hacer posible lo imposible. El triunfo consiste en ser fiel a las convicciones propias, nada más y nada menos. Cierto es que jamás se alcanzan la satisfacción ni la decepción al completo porque es sabido que en las decisiones habitan las contradicciones. Las dudas son las que le dan valor a la última palabra. Y también eso se refleja, con una prosa cuidada y medida, con un lenguaje sutil que sabe llamar a cada cosa por su nombre y profundizar con delicadeza en la cuestión.
El argumento se presta a debate porque hay temas que siempre van a estar de actualidad, y son muchos los enfoques que obligan a hacerse preguntas reservadas al mundo moderno. Cada protagonista tiene sus motivos, los defiende y los expone a sabiendas de que no tienen por qué ser comprendidos. Las hay que llegan a cruzar ciertos límites, como la necesidad de ser lo que no se es, especialmente cuando son los demás los que miran. Conviene evitar obsesionarse cuando hay testigos que no pierden detalle. Pero tranquilos, porque no, no voy a desvelar nada que no contribuya a terminar con los desvelos de quienes queremos saber más.
Verdad es que las tres mujeres acaban cruzando el umbral de mundos que las confunden. Los intereses generales se comen a los particulares, y cualquier logro implica una renuncia. No importa lo claro que puedan tenerlo, los sentimientos se adulteran en el contexto de una sociedad que a todo le pone precio. Tener hijos a toda costa, asumir el coste que supone haberlos tenido o tomar la costosa decisión de renunciar a tenerlos es el recorrido que hacen Carolina, Antía y Julia inmersas en una cuenta atrás que las conducirá al principio. Ahí ya no cabrá dejarse invadir por los temores porque en efecto ese principio es el objetivo final.
Patricia de Blas escribe con ritmo trepidante y grandes recursos que sitúan la acción de inmediato. Mete a los lectores en la historia sin que apenas se den cuenta. A mí me ha ocurrido. Antes de conocer con detalle a las protagonistas, ya había comenzado a comprenderlas. O a intentar comprenderlas al menos. Parece imposible que en el fondo estén tan vinculadas entre sí y que todavía no lo sepan. Lo que ocurra en el futuro es gestado en el presente, no hay más. Y ese proceso está muy bien explicado, añadiendo las voces de los más cercanos que a veces no ocultan su incredulidad. Esta es una novela de mujeres que buscan hacer realidad sus deseos y que han encontrado los medios para hacerlo. La recomiendo vivamente, un logro más que reafirma mi intención de convertirme en incondicional de esta escritora.


